Perfeccionismo y ansiedad: 9 claves para dejarlo ir

Perfeccionismo y ansiedad: 9 claves para dejarlo ir

Perfeccionismo y ansiedad son estados directamente unidos: la exigencia de lo perfecto produce altos niveles de estrés y ansiedad. Un estado de alerta que tiene el foco puesto de forma constante sobre uno mismo. Este estado genera una mala adaptación social, problemas de pareja o malas relaciones en el trabajo.

Perfeccionismo es sinónimo de fracaso

¿Qué crees que ocurre cuando nos exigimos hacer las cosas perfectas? Lejos de mejorar, crecer y desarrollarnos, lo que obtenemos es bloqueo y culpa. Un rasgo que nos genera emociones negativas que van en aumento y nos hacen sentir no válidos.

El perfeccionismo nace de la idea de que como persona no llego a un cierto estándar de calidad. Lo que hago no es suficiente y necesito que esté perfecto. A través de esto, busco reafirmar mi identidad y elevar mi autoestima, la cual suelo sentir deteriorada. Pero lejos de llegar a lo que necesito, esto cada vez está más lejos. Es una escalera que nunca tiene fin y en la que nunca me encuentro satisfecho.

Perfeccionismo y ansiedad: acaba con ello

El perfeccionismo es un círculo vicioso en el que la persona nunca se encuentra contenta con aquello que hace ni con lo que es. Su calidad de vida en las diferentes áreas que la componen se ve mermada y acaba por sumarse también esto a la ansiedad. Para poder romper ese círculo por algún lado, tenemos que seguir unas claves que nos ayuden a lograrlo:

1. Reconoce la autoexigencia

Cada vez que te encuentres en una situación en la que quieres hacerlo perfecto, para y piensa: ¿necesito realmente que esté 100% bien? ¿No es ya suficiente? Aprende a reconocer esas situaciones, a que no te generen tampoco culpa.

2. Rompe los límites

El límite del perfeccionismo es muy simple: no hay límites. Nunca nada es suficiente. Por tanto, pon un límite real, un estándar con el que sí estés satisfecho y que no tenga que ser perfecto.

3. Objetivos claros

Márcate metas a lo largo de las semanas y los meses. Una vez que vayas culminando esas metas, debes dar un período de tiempo para disfrutar, antes de pensar o establecer otras.

4. Sé compasivo con tu tiempo

Una forma de ser perfeccionista es querer abarcar un número elevado de tareas y hacerlas en el menor tiempo posible. Usa un calendario y márcate límites realistas y que te permitan tener tiempo para ti.

5. Primero las prioridades

Organiza tus tareas y tu ocio en dos listas. Procura ir haciendo varias cosas de cada lista cada semana. No olvides colocar en el principio de la lista las prioridades de ocio y las prioridades de trabajo.

6. Busca ayuda

El perfeccionista quiere hacerlo todo él. No se fía de cómo lo harán los demás. Pero le pasa lo mismo a nivel social. No sabe buscar ayuda cuando está mal.

Buscar ayuda no es un rasgo de debilidad, sino de compañerismo y cooperación, que nos sirve para afianzar la amistad. Busca ayuda cuando lo necesites.

7. Juega

Se podría decir que el perfeccionismo es la enfermedad de los adultos. La mayoría de los niños no necesitan que nada sea perfecto para disfrutar, lo hacen sin más. Empieza a jugar y divertirte más. Busca una pasión real, aunque no tenga que ver con lo que siempre has hecho.

8. Tu mente aquí

La ansiedad viene por llevar nuestra mente siempre al futuro. Vive anclado en lo que haces cada hora, sin pensar en lo que tienes que hacer después. Practica el mindfulness.

9. Prémiate

Una vez que vayas viendo avances, celébralo. Da la importancia que merece a lo que estás haciendo.

Los errores y los fallos son lecciones de aprendizaje que nos ayudan a crecer, pero de los que también podemos disfrutar. Olvídate de querer demostrar nada a nadie o a ti mismo. Es importante que rebajemos el nivel de perfeccionismo y autoexigencia si queremos vivir felices.

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