¿Por qué mi primera consulta no es gratuita?

¿Por qué mi primera consulta no es gratuita?

Muchos profesionales, tanto psicólogos como no psicólogos, ofrecen la primera sesión de forma gratuita. Una técnica de marketing conocida y muy usada por los psicólogos online a día de hoy que deberíamos tratar de evitar. ¿Por qué no me gusta nada esta práctica y por qué no la estoy yo usando?

Persuasión vs. Confianza

La Psicología cuenta con muchas áreas de estudio, entre ellas, la Psicología de la Persuasión. Estudia todas aquellas técnicas destinadas a influir en la otra persona, especialmente útil en ventas, publicidad y marketing.

Aunque pueda parecer poco ético, realmente no lo es. Eso sí, no se basa en uno de los pilares fundamentales en el tratamiento terapéutico: la confianza en el psicólogo.

La persona que busca ayuda necesita confiar en quien tiene delante, y para ello no solo se fija en la estrategia de marketing, sino en la profesionalidad, seriedad, empatía, estudios y formación del psicólogo.

Si partimos de esa confianza, ¿necesito persuadir al otro, convencerle de que mi trabajo terapéutico será mejor que el de otro profesional? ¿O mis habilidades y mi formación hablan por sí mismas?

No ofrezco una primera sesión gratuita

Numerosos profesionales ofrecen una primera sesión gratuita, en su totalidad o en una versión reducida, con el fin de poder captar al paciente y comenzar un proceso terapéutico. Pero también son muchos los profesionales que se niegan a caer en esta técnica.

En mi caso, tengo varias razones para negarme a dar una primera sesión gratuita:

1. Genera una idea equivocada de mi eficacia

La persona que acude a esa sesión genera en su cabeza la idea de que esos 60 minutos van a funcionar como un todo capaz de ayudarle a superar desde el primer segundo sus problemas. Es una opinión subjetiva e inconsciente de que el psicólogo cambia tu vida desde el primer minuto.

Un psicólogo no es un genio de la lámpara capaz de chasquear los dedos y resolverlo todo al instante. Supone un proceso que lleva tiempo y esfuerzo, tanto por una parte como por la otra.

2. Falsea la imagen real de la primera sesión

La primera sesión de psicología tiene como objetivo recabar información útil sobre la persona y su problema, sobre las condiciones actuales y las que le han llevado hasta ahí. Nos arroja una idea general sobre lo que tiene, necesita y quiere. Únicamente reúne información, pero no ayuda a la persona, salvo como instrumento de desahogo.

El psicólogo no puede ayudarte el primer día, básicamente porque aún no sabe qué te ocurre. Y si se lanzara a trabajar ya contigo, podría errar y acarrear graves consecuencias.

Por tanto, si hay una primera sesión, nunca servirá para darte luz, independientemente de que la pagues o no.

3. Crea sensación de necesidad

Hay un equilibrio muy complicado en cualquier negocio (sí, la psicología también es un negocio, porque tiene un coste económico y un intercambio de trabajo y dinero) que es procurar no mostrar necesidad de clientes, pero tampoco soberbia y dejadez. Muchas personas, las cuales tienen un elevado número de consultas, muestran poco interés en la captación. No les hace falta, ya que, por el motivo que sea, los pacientes siguen apareciendo. Esto genera una falta de interés y una deshumanización del paciente. Pero también ocurre lo contrario, que se muestre demasiado interés en tener un paciente, llegando a ser invasivo con él.

Cuando ofrecemos la primera consulta gratuita, rompemos ese equilibrio. Les lanzamos un mensaje de que necesitamos que vengan a nosotros. Y el coste que esto tiene para tu reputación es muy elevado.

4. Ocupa un espacio valioso de tu tiempo

Cada minuto de nuestra vida corre y no puede volver atrás. Este tiempo es dedicado a las tareas o las personas que nosotros creemos convenientes. Pero siempre suele ser un tiempo muy reducido.

Cuando llenamos la agenda de primeras consultas gratuitas, estamos dedicando un tiempo valioso a unas personas que tal vez nunca se conviertan en pacientes, por los motivos que sean. Este tiempo no lo podremos dedicar a nuestra formación, a otros pacientes o a nuestro ocio.

5. ¿Ha venido a probar?

La terapia psicológica no es un salto de fe. No se prueba si funciona o no, si nos sirve o no es para nosotros. La psicología, ante todo, es una disciplina científica. De la misma forma que funciona un medicamento o te cura un médico, también lo hace un psicólogo. Para eso, todos los tratamientos han sido estudiados, comprobados y demostrada su validez y eficacia mediante rigurosos estudios científicos.

Y aquí me reservo la opinión sobre la archiconocida frase “yo no creo en los psicólogos”.

También te recomiendo el siguiente artículo: ¿Acudir a un psicólogo es cosa de locos?

6. Cantidad vs. Calidad

Es lógico, que a mayor cantidad de solicitudes de información, mayor probabilidad de que estas se acaben convirtiendo en pacientes, hasta cierto punto. Pero esto es cuestión de visibilidad y de una buena estrategia de comunicación y redes sociales. Técnicas como la de la primera sesión gratuita generan un elevado número de personas con un muy reducido porcentaje de pacientes reales.

Mi alternativa

Cuando me siento delante de una persona, lo hago con todas mis herramientas y habilidades, tanto las personales como las aprendidas a través de mi formación. Pero esto ofrece una ayuda que no será capaz de alcanzar al 100% de las personas. Los psicólogos no contamos con la formación y/o experiencia universal que nos capacite para ayudar a todo el mundo. Por tanto, necesito saber si voy a ser capaz de enfrentarme al problema del paciente o de si podrá hacerlo alguien de mi equipo.

Como cada sesión tiene un coste y un tiempo, no quiero hacérselo perder a la otra persona si luego le voy a decir que no puede contar con mi ayuda. Por eso, me gusta tener una breve entrevista inicial que me dé una idea global de lo que la persona necesita y lo que yo voy a poder hacer por ella.

Esta alternativa es la que encuentro más válida a la hora de valorar un posible tratamiento psicológico. Da tanto una idea a la persona de cómo soy, de si hay empatía y conexión, y a mí me ayuda a valorar inicialmente el problema y saber si, a priori, puedo ayudar a quien tengo delante.

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