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El amor I: ¿Qué funciones tiene la emoción del amor?

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La emoción del amor es una de las que, tanto a nivel social como personal, más distorsionada tenemos. Pese a ser algo positivo, lo mezclamos, nos bloquea o nos hace daño. Pero ¿sabemos qué es realmente el amor a nivel emocional? ¿Sabemos para qué sirve esta emoción? Y, sobre todo, ¿sabemos cuándo estamos dando amor y cuándo no?

La emoción del amor

El amor es la emoción de la apertura, de la unión y, ante todo, de la pertenencia. Esta pertenencia es una de las bases que más malentendidos nos genera. Confundimos pertenecer como un objeto con pertenecer formando parte de algo, de una unión con otra persona o con un grupo.

La emoción del amor posibilita encuentros, uniones, pactos, alianzas y enlaces: el amor es pertenencia a algo más grande de lo que tenemos en individualidad.

Como emoción de la apertura, nos abre permitiendo el acceso de los demás, eliminando los límites. Es capaz, además, de detectar todo lo que está vivo, sano y es deseable en la otra persona (y en nosotros mismos). Así, nos creará un puente hacia los demás, una vía de comunicación y de unión con el otro.

Las funciones del amor

Como las demás, la emoción del amor tiene una serie de funciones. Está diseñado para que alcancemos la pertenencia y, para ello, usa diferentes herramientas. Todas ellas aparecen cuando esta emoción está bien conectada en nosotros, cuando no hay una interferencia con otras emociones, como podría ser el caso del miedo.

¿Qué funciones tiene la emoción del amor?

El amor nos ayuda a evaluar

Mientras que el miedo nos ayuda a diagnosticar todo aquello que es dañino o está enfermo, el amor nos empuja a la evaluación. Evaluar significa ser capaces de reconocer lo bueno, las oportunidades o lo atractivo en la otra persona. Esto nos permitirá saber si queremos o no acercarnos a alguien.

A través del amor vemos qué aspectos positivos nos puede ofrecer alguien, qué nos sumaría su contacto en nuestra vida, independientemente de la profundidad del vínculo.

El amor establece confluencias

Una de las funciones del amor es ver todas las afinidades con el otro para poder formar una alianza y un compromiso. Eso nos lleva al intercambio, al poder dar y recibir con la otra persona todo aquello que es válido y bueno para ambas partes. Las confluencias estarán basadas en el interés de los dos; no daré ni recibiré algo que yo no quiera. Por eso, he evaluado previamente qué quiero dar, qué necesita el otro y qué necesito yo.

Como personas, en base a la emoción del amor, nos unimos y asociamos para establecer parejas, grupos de amigos, familias, asociaciones, empresas, estados. Todo ello en base a una serie de confluencias necesarias.

El amor une

Consolidada la confluencia, consolidado aquello que nos aportamos los dos, se posibilita la unión. Por ejemplo, al enamorarme de alguien, habré evaluado a la otra persona, habremos establecido una serie de confluencias en base a afinidades. Eso nos lleva a la unión, a ponerle una etiqueta a aquello que sentimos y al vínculo formado. En algunos casos, se usará el término pareja.

Diferentes uniones que formamos están regidas por el amor, independientemente de la profundidad o el grado: nos unimos a un socio y formamos una empresa, me uno a un amigo y somos inseparables o me uno a una asociación donde me siento en comunidad.

El amor motiva y alienta

A través de la emoción del amor tenemos la capacidad de generar energía, de darnos permisos para arrancar y movernos. Por ejemplo, queremos motivarnos para estudiar para un examen. Evaluaremos los factores positivos reales que tenemos y, desde ahí, nos alentaremos, motivaremos e incentivaremos a estudiar.

Pero también incluimos dentro de esta función formas físicas: un beso, una caricia, un abrazo. Todo ello son formas usadas por el amor para unirnos.

El amor ayuda

Esta es una de las funciones del amor que, en algunas ocasiones, puede mezclarse y distorsionarse con la misma función que usa la tristeza.

La tristeza tiene la capacidad de detectar la pérdida, aquello que ya no está, que se ha roto o se ha ido, o que tal vez no esté a la altura de nuestras expectativas. Para ello observa la pérdida concreta y busca una solución o un camino alternativo. Una vez consolidado ese camino, alcanzaremos el desarrollo. Cuando lo hacemos hacia los demás, lo llamamos ayudar.

Desde el amor, también ayudamos, aunque de una forma diferente: somos capaces de dar y pedir ayuda en la misma medida. Ni lo anticipamos ni actuamos demasiado tarde. Vemos qué le ha ocurrido al otro y generamos presencia, estamos disponibles y acompañamos. El acto es más pasivo, más presente, que cuando ejecutamos acciones proactivas desde la tristeza. No te soluciono el problema, sino que acompaño en tu proceso.

El amor acepta

Esta función va acompañada de un buen funcionamiento del miedo. El miedo es aquel que detecta toda amenaza a nuestra seguridad, armonía o equilibrio y le pone un límite; de esta forma, nos genera seguridad.

El amor acepta, pero en combinación con el miedo. Me abro a un plan que de verdad me apetece, acepto un regalo que me aporta. Si el amor funciona sin miedo, somos mártires, aceptando todo lo que nos daña, desde el sacrificio; nunca decimos que no. Si el miedo bloquea al amor, somos desconfiados, suspicaces y nos negamos y cerramos.

El amor cumple

El cumplimiento es la voluntad de hacer, requiere motivación y entrega, sino todo serían meros buenos propósitos. Todo ello es función del amor, apoyándose en las herramientas anteriores. Se abre y se moviliza hacia todo aquello que quiere de verdad hacer, aunque necesite otras herramientas por el camino. Se compromete y cumple.

Una falta de conexión con el amor nos llevará a prometer y no cumplir, engañando a los demás y a nosotros mismos. No sería falta de voluntad, como solemos creer, sino falta de cumplimiento.

El amor protege

El amor es capaz de proteger todo lo valioso, tanto a un nivel interno como externo. Desde el amor sano, nos sabemos cuidar y proteger, a nosotros y a los demás.

De esta protección, surge la solidaridad. Pero siempre de forma sana: el amor protege, se solidariza, pero no pretende salvarte. Salvar no es proteger, es anular al otro y querer hacer las cosas por él. Y ahí no hay ningún tipo de protección real.

El amor se entrega

El amor culmina en la entrega auténtica hacia uno mismo o hacia el otro. Va más allá del compromiso y de la solidaridad. Nos entregamos a lo que es verdaderamente valioso, a lo bueno. Aunque está función se ha convertido en la más difícil a medida que hemos crecido. Nos cuesta apreciarnos, estimarnos, entregarnos a todo aquello que es valioso en nosotros. Y si no lo hacemos hacia dentro, ¿sabremos hacerlo hacia fuera?

Ese salto que hace el amor no es un salto al vacío: salto hacia todo aquello que es valioso, a lo más valioso que hay, que soy yo mismo. ¿Y por qué no saltamos hacia algo que siempre nos sostendrá? Porque no vemos, porque las funciones previas del amor no las usamos para mirarnos a nosotros.

El amor rige el momento de las cosas

A la hora de evaluar ciertos aspectos del amor y para poder diferenciarlo de otras emociones, tenemos que tener en cuenta que el amor tiene la capacidad de trabajar sobre el momento, pero nada más. No funciona en base al tiempo, como por ejemplo la tristeza, sino a instantes y momentos.

El tiempo es una línea que transcurre, que la podemos visualizar recta sobre un folio, de extremo a extremo. Los momentos, aquello que trabaja el amor, son líneas verticales que cortan esa línea de tiempo.

¿Por qué esto es importante? Porque sin entender bien esto, la culpa, la dependencia y el remordimiento nos torturarán y creeremos que lo habrá hecho el amor.

Si yo estoy durante cinco años con una pareja, en ese tiempo habremos estado unidos, comprometidos y entregados a la relación. Esos cinco años pensábamos que duraría toda la vida y llevamos a cabo actos de entrega. Pero esa relación termina. Si concibo de forma sana la relación desde el amor, desde el momento que fue y que ya no es, esa emoción era la que tenía que ser, pero ahora ya no. Ahora quedarán otras cosas, pero no el amor. Y no me torturaré por la entrega, por lo dado o por lo pedido. En ese momento, el amor lo regía todo. Ahora que el momento ha terminado, el amor también.

Y ese momento debe ser siempre bien evaluado: un amor que no es sano no evalúa el momento, no sabe cuándo dar y cuándo soltar. El amor deja libre cuando ya pasó el momento. Un padre deja partir a su hijo cuando quiere irse de casa, una pareja asume que el amor se acabó y que el otro quiere irse. El momento se une a la emoción del amor cuando deben unirse; cuando no, se dejan libres.

La ansiedad en el apego, la dependencia o la necesidad de seguir regando relaciones muertas está basado en una mala conexión con el amor, en su totalidad o con algunas de sus funciones. Puede haber una mala evaluación de oportunidades, por ejemplo, donde no vemos que el otro ya no nos aporta lo valioso que necesitamos. Y no soltamos, porque creemos que el momento sigue siendo.

¿Quieres leer más sobre el amor? Tienes estas dos lecturas que te ayudarán a entender la emoción del amor con una mayor profundidad:

Te recomiendo esta lectura: El amor II – ¿Qué señales indican que el amor es sano?

También puede interesarte esta lectura: El amor III – ¿Qué ocurre cuando el amor se distorsiona?