Menú Cerrar

Cuestionario Clínico de Observación del Vínculo Paciente–Animal

A continuación encontrarás una serie de afirmaciones relacionadas con el vínculo y la función que tiene tu perro en tu bienestar emocional.

Lee cada afirmación y selecciona la respuesta que mejor represente tu experiencia habitual.

1 = Totalmente en desacuerdo
2 = En desacuerdo
3 = Ni de acuerdo ni en desacuerdo
4 = De acuerdo
5 = Totalmente de acuerdo

No hay respuestas correctas o incorrectas. Responde de la forma más sincera posible.

Por favor, introduce tu correo electrónico:

Bloque 1 – Apego emocional y relación simbólica
Mi perro es una de las figuras más importantes en mi vida.

 
 
 
 
 

Me siento emocionalmente unido/a a mi perro.

 
 
 
 
 

Mi perro es una fuente constante de afecto y cariño.

 
 
 
 
 

Siento alivio solo con ver a mi perro.

 
 
 
 
 

Me cuesta imaginar mi día a día sin mi perro.

 
 
 
 
 

Mi perro me entiende sin que yo tenga que hablar.

 
 
 
 
 

Me siento más “yo mismo/a” cuando estoy con mi perro.

 
 
 
 
 

El vínculo que tengo con mi perro es diferente a cualquier otro vínculo afectivo.

 
 
 
 
 

Cuando estoy lejos de mi perro por un tiempo, me cuesta funcionar con normalidad.

 
 
 
 
 

Mi perro representa un pilar emocional estable en mi vida.

 
 
 
 
 

Bloque 2 – Regulación emocional y conductual
Cuando tengo un pico de ansiedad o pánico, mi perro me ayuda a calmarme.

 
 
 
 
 

Estar con mi perro me ayuda a frenar pensamientos intrusivos o negativos.

 
 
 
 
 

La cercanía física de mi perro regula mi respiración y ritmo cardíaco.

 
 
 
 
 

En situaciones de estrés, mi perro me ayuda a recuperar el control.

 
 
 
 
 

Abrazar o acariciar a mi perro me ayuda a reducir la tensión muscular.

 
 
 
 
 

La rutina con mi perro me protege de recaídas emocionales.

 
 
 
 
 

Mi perro me distrae de mis síntomas cuando estoy mal.

 
 
 
 
 

El contacto con mi perro disminuye mi irritabilidad.

 
 
 
 
 

Gracias a mi perro, puedo recuperar la calma más rápido que antes.

 
 
 
 
 

Mi perro actúa como contención emocional en momentos de crisis.

 
 
 
 
 

Bloque 3 – Apoyo psicológico percibido y autonomía
Mi perro me da fuerza para afrontar situaciones que antes evitaba.

 
 
 
 
 

Gracias a mi perro, me animo a salir incluso cuando estoy deprimido/a.

 
 
 
 
 

El tener que cuidar de mi perro me ayuda a mantenerme funcional.

 
 
 
 
 

Mi perro me ayuda a sentirme menos dependiente de personas.

 
 
 
 
 

Siento más confianza en mí mismo/a si mi perro está conmigo.

 
 
 
 
 

Mi perro me motiva a mantener hábitos saludables.

 
 
 
 
 

La presencia de mi perro me hace sentir más capaz.

 
 
 
 
 

Cuando mi salud mental empeora, mi perro es clave para mantener el equilibrio.

 
 
 
 
 

Mi perro favorece mi autonomía y estabilidad emocional.

 
 
 
 
 

Me ayuda a no rendirme cuando tengo pensamientos negativos.

 
 
 
 
 

Bloque 4 – Asociación con dolencias físicas o síntomas psicosomáticos
Cuando tengo síntomas físicos por ansiedad, mi perro me ayuda a reducirlos.

 
 
 
 
 

Me duele menos la cabeza o el estómago cuando mi perro está cerca.

 
 
 
 
 

Mi perro me ayuda a dormir mejor, incluso en épocas de estrés.

 
 
 
 
 

Gracias a mi perro, mis episodios de insomnio o tensión corporal son menos intensos.

 
 
 
 
 

Cuando tengo síntomas físicos por estrés, prefiero estar con mi perro que con personas.

 
 
 
 
 

El dolor físico que tengo mejora cuando paso tiempo con mi perro.

 
 
 
 
 

Mi perro actúa como una especie de “analgésico emocional”.

 
 
 
 
 

He notado que mi sistema digestivo reacciona mejor cuando estoy con mi perro.

 
 
 
 
 

Mi perro reduce los efectos físicos de mis crisis emocionales.

 
 
 
 
 

Me recupero más rápido de episodios físicos cuando él está cerca.

 
 
 
 
 

Bloque 5 – Integración terapéutica y función clínica
Siento que mi perro es parte activa de mi tratamiento psicológico.

 
 
 
 
 

Mi psicólogo sabe que mi perro forma parte importante de mi proceso.

 
 
 
 
 

Considero que mi perro tiene un rol terapéutico, no solo afectivo.

 
 
 
 
 

La presencia de mi perro mejora mi adherencia a la terapia o tratamiento.

 
 
 
 
 

No es solo una mascota: es un factor estabilizador en mi salud mental.

 
 
 
 
 

Si no pudiera estar con mi perro en momentos clave, mi salud emocional empeoraría.

 
 
 
 
 

La compañía de mi perro es comparable a una herramienta terapéutica.

 
 
 
 
 

Mi perro es parte del entorno que me mantiene estable.

 
 
 
 
 

Estar con mi perro reduce mi necesidad de medicación o intervenciones intensivas.

 
 
 
 
 

Considero que mi perro es esencial para poder mantener una vida relativamente normal.